¿Por qué los jóvenes deben leer a J.C Ryle?

Por: Rev. Néstor Roubilar G

Todo Joven cristiano debe leer a John C. Ryle. En sus escritos encontrará la frescura del evangelio, la solidez doctrinal de los puritanos en un estilo sencillo y cercano. J.C Ryle fue Pastor Anglicano, Obispo de Liverpool, y escritor del siglo XIX.  Vivió en los días de Charles Spurgeon, D.L Moody, George Muller, y Hudson Taylor. Eran días de agitación social, y  cambios profundos. Días de creciente liberalismo teológico, y del movimiento Anglocatólico.

Fue durante esos días donde desarrolló su predicación firme y fiel al evangelio, y la extendió por medio de folletos, tratados y libros.  Esto le valió el apodo popular de “El hombre de granito con corazón de niño”[1]. Y es que, J.C Ryle fue un maestro fiel al evangelio en días de confusión. Un hombre que se mantuvo como hombre en el púlpito, mientras otros ministros jugaban como niños con las modas teológicas.

Esta cita tomada del Libro “Advertencias a las Iglesias” nos muestra el clima de la época:

“Oremos para ser guardados de falsificar la palabra de Dios. Que ni el temor al hombre ni su favor nos induzcan a relegar, evitar, cambiar, mutilar o matizar texto alguno de la Biblia. No tenemos motivo alguno para avergonzarnos de cualquier afirmación que hagamos desde nuestros púlpitos siempre que sea conforme a las Escrituras. A menudo pienso que uno de los grandes secretos del maravilloso honor que Dios ha puesto sobre un hombre que no se encuentra en nuestra denominación ––me refiero al Señor Charles Spurgeon–– es la extraordinaria valentía y confianza con que habla desde el púlpito a las personas de sus pecados y de sus almas. No se puede decir que lo haga por miedo a alguien o por complacer a alguien. Él da lo que le corresponde a cada clase de oyente: al rico y al pobre, al de clase elevada y al de clase baja, al noble y al campesino, al erudito y al analfabeto. Trata a cada uno con claridad, según la Palabra de Dios. Creo que esa misma valentía tiene mucho que ver con el éxito que Dios le ha complacido dar a su ministerio. No nos avergoncemos de aprender una lección de él en este aspecto. Vayamos y hagamos lo mismo”[2]

Su conversión y llamado al Ministerio

La conversión de este instrumento de Dios esta dentro de las más impactantes de la historia de la iglesia. Ryle no nació en un hogar cristiano
piadoso, no tuvo mentores espirituales que lo llevaron a la fe, y a diferencia de su contemporáneo Charles Spurgeon, que descendía de un linaje de pastores reformados hugonotes, y se convirtió escuchando el sermón de un humilde predicador Metodista, J.CJ.C Ryle Ryle fue alcanzado por la gracia de Dios al escuchar la lectura publica del Evangelio en el culto. Mientras estudiaba en Oxford en 1837, educado como todo joven pudiente, a los 21 años de edad sufrió de una infección pulmonar. En su reposo comenzó a leer la Biblia, algo que no hacia desde los 6 años––según su propio relato––.

Un domingo durante este proceso, asistió a una iglesia cercana de su universidad, al entrar se encontró con la segunda lectura del evangelio que se daba en Efesios 2.8: “Porque por gracias sois salvos por medio de la fe; y esto no de  vosotros, pues es don de Dios”[1]. Fue impactado por la palabra de Dios y se entregó al Señor.

Su biógrafo dice: “desde ese día, hasta el ultimo, no hubo duda de que la palabra de Dios es viva y eficaz, y más aguda que espada de dos filos”[2]. Tan impactante fue el texto de esa mañana que él pidió que se grabara en su lapida. Y allí esta, en el cementerio “All Saints”  de Liverpool como un testigo silente de su conversión. J.C Ryle, nunca tuvo la intención de convertirse en un ministro del evangelio, ni antes ni después de su conversión. Estaba en Oxford para seguir una carrera política y entrar al parlamento, la quiebra total de su padre y la ruina de la familia le cerraron las puertas. Sin embargo terminó sus estudios con gran distinción en las obras clásicas. Perfectamente él podría haber sido un profesor universitario. Pero Dios lo estaba guiando a dedicar su mente, alma, fuerzas y corazón a la predicación del Evangelio.

[1] Efesios 2.8 Rv60

[2] Eric Russell

“Lo menos que podía imaginarme a la edad de 25 años era que un día llegaría a ser ministro del Evangelio. Mi padre además de ser un banquero opulento, poseía un basto patrimonio en tierras; y yo por ser el hijo mayor, esperaba heredar algún día una inmensa fortuna. Pero le agrado a Dios cambiar el curso de mi vida. Este cambio vino por medio de una quiebra y ruina total en los negocios y patrimonios familiares. Dios me había despojado de las riquezas de este mundo para confiarme las riquezas sobre abundantes del evangelio”[1]

[1] J.C Ryle, Nueva Vida, Estandarte de la Verdad, Primera Edición 1964, pág. 5

Ryle, el pastor predicador.

Después de su ordenación, Ryle fue enviado a Exbury. Luego a los 27 años, fue transferido a una iglesia rural en Winchester. Durante este tiempo predicó cuatro veces por semana, además de sus otras labores pastorales. No tuvo quien le guiara como pastor, y con muy poco entrenamiento homilético, buscó refugio en los clásicos de la Fe Reformada y los Puritanos. El corazón de su ministerio fue inflamado por los sermones evangélicos de Lutero, Calvino, Knox y Cranmer. Sin embargo usó el estilo elocuente de Oxford para la predicación, pero sus feligreses no pudieron apreciarlo.

Aquí fue donde sacrificó su erudición oxfordiana y buscó un estilo más simple, claro, sencillo y directo de presentar el Evangelio. Sus mensajes tienen  títulos simples; “¿eres feliz?”, “¿estas vivo o muerto?”, “la verdadera conversión”, “Sin Cristo, con Cristo”. Ryle, adoptó el estilo sencillo y directo similar al de  su contemporáneo Charles Spurgeon.  En una conferencia sobre “La simplicidad en la predicación” dijo:

“No siento vergüenza al decir que leo a menudo los sermones de Spurgeon. Me gusta reunir consejos acerca de la predicación de todos los ángulos. Ahora cuando lea los sermones de Spurgeon tenga en cuenta la forma clara y perspicua como divide el sermón, y llena cada división con ideas bellas y simples. ¡Con qué facilidad capta el significado del texto![1]

[1] J. C. Ryle, The UpperRoom (London: Banner of Truth Trust, [1888] 1970)

Durante cuarenta años, J.C Ryle fue ministro en distintas iglesias, muchas de ellas pequeñas congregaciones en pueblitos rurales. Frecuentemente fue invitado a predicar a Oxford y Cambridge en Londres. Nunca trató de promocionarse así mismo para conseguir una iglesia más grande, reforzando la imagen de una “celebridad”. Solía evitar la popularidad:

“La popularidad es una cosa muy inútil, y una cosa muy mala para el alma de un ministro”.

En 1880 fue llamado para ser Obispo de la nueva diócesis de Liverpool; usó su posición para bendecir a la iglesia. Él no eligió centrar su atención en la construcción de una nueva catedral para hacerse notar. En su lugar, trató de multiplicar el número de obreros evangélicos comprometidos con la proclamación de Cristo. Eligió asegurar el salario de los obreros y la extensión del evangelio antes que un nuevo templo. Ocupó este cargo durante veinte años, tiempo durante el cual se convirtió en  “el hombre más odiado y más querido del lugar”; odiado por los mundanos y amado por los hijos de Dios.

Ryle, el escritor.


Fuleyendo rylee un escritor dedicado a la extensión del evangelio. Durante su vida escribió 200 tratados de los que se vendieron 12 millones de copias. Por mencionar algunos como: ¿Qué oras? con 130.000 copias, y ¿Qué le debemos a la reforma? con 80.000 copias en un solo año. Sus comentarios a los cuatro Evangelios fueron escritos para fomentar el estudio bíblico familiar, y la piedad del hogar. En un estilo sencillo pero sin perder la profundidad doctrinal y su aplicación pastoral (algo muy particular de Ryle).

Ryle bebió constantemente de los pozos de los grandes puritanos del siglo XVII. Por lo tanto es justo decir que sus libros son un destilado de la verdadera teología y espiritualidad puritana presentado en un estilo moderno. En sus libros encontraras notas al pie de: William Gurnall, Thomas Watson, Thomas Brooks, Thomas Goodwin, Samuel Rutherford, Richard Sibbes, Thomas Manton, John Flavel, Richard Baxter, y especialmente John Owen y John Bunyan. 

Uno de sus mejores libros es la Santidad (su naturaleza, sus obstáculos, dificultades y raíces). En este libro encontraras la exposición clásica reformada-puritana sobre la santificación. El libro esta lleno de advertencias, consejos, aplicaciones pastorales y ministeriales. Es un libro que no puedes dejar de leer.

Martyn Lloyd-Jones dijo de este libro:

“Nunca olvidaré la satisfacción – espiritual y mental – con la que lo leí. Las características del método y el estilo del obispo Ryle son obvias. Él es preeminentemente y siempre fiel a las escrituras. Nunca inicia con una teoría que trata de adaptar a las escrituras. Él siempre inicia con la Palabra y la expone. Es exposición en todo su esplendor y la más alta. siempre es clara y lógica e invariablemente conduce a una clara enunciación de la doctrina. es fuerte y viril y totalmente libre de sentimentalismo que a menudo se describe como “devocional”.

Esta es una de las tantas advertencias necesarias expuestas por Ryle en su libro:

«El mismo fuego que derrite la cera endurece la arcilla; el mismo sol que hace crecer los arboles, los seca y los prepara para el fuego. Nada endurece más el corazón del hombre como una estéril familiaridad con las cosas sagradas. Nada, de hecho, parece endurecer el corazón del hombre tanto como escuchar el Evangelio con regularidad y, sin embargo, preferir deliberadamente servir al pecado y al mundo»

¿Por qué debe ser leído?

J.C Ryle es digno de ser leído, y principalmente leído por quienes desean vivir la fe con el corazón encendido por Dios. Sus escritos son teología de rodillas, son doctrina con corazón ardiente. Sus libros nos llevan al cristianismo experimental, al deleite de las escrituras y la comunión con Cristo –esto es la verdadera devoción–, el cristianismo que no tiene corazón ni vida es completamente inútil, así también los libros que son mera terapia sentimental, y carentes de toda profundidad doctrinal.

Ryle, no es el cómodo pastor ingles del siglo XIX, escribiendo de la suficiencia de Cristo a las orillas de una chimenea con un buen brandy en la mano. Ryle escribe desde la experiencia del sufrimiento, su teología se encarnó en medio de las más diversas pruebas. Sufrió el paso de la riqueza a la pobreza y la perdida de sus dos primeras esposas. Ministró durante cuarenta años en lugares de poco crecimiento y con escasez de recursos.

Sin embargo, nada de esto afectó su profundo deseo de ser un hombre de Dios. Fiel al evangelio y erudito sencillo junto al pueblo de Dios. Sus libros nos prueban que es posible ser teológicamente preciso y pastoralmente sensible al mismo tiempo. Sus libros nos muestran que se puede ser muy firme en la doctrina y mantener el corazón pastoral. Todo joven que desea transformase en un hombre de Dios  y desea un mentor y a la vez, un amigo experimentado, debe leer a Ryle. Todo joven que desea servir a su Señor en el ministerio debe leer a Ryle. Sus libros señalan la cruz, y luego la gloria, sus libros nos hablan de la necesidad constante de Cristo, de renunciar al pecado, al mundo y a la carne.

Quienes desean jugar con modas teológicas no pasarán un buen tiempo leyendo a Ryle. Quienes desean leer algo suave para calmar sus conciencias y seguir en sus rebeldías no encontrarán reposo en los libros de Ryle. Pero quienes desean amar al Señor y rendir sus vidas entregándolo todo, definitivamente deben leer a J.C Ryle.

“Creo que ningún hombre alguna vez crecerá en gracia si no ha experimentado el hábito de la comunión.  No debemos contentarnos con el conocimiento ortodoxo general que Cristo es el Mediador entre Dios y el hombre, y que la justificación es por fe y no por obras y que pongamos nuestra confianza en Cristo.  Debemos ir más lejos que esto.  Debemos buscar tener una intimidad personal con Jesucristo y  tratar con El como un hombre trata a un amigo querido.  Debemos darnos cuenta lo que es volverse a Él en cada necesidad, conversar con Él en cada dificultad, consultar con El cada paso, poner delante de Él nuestras penas,  que El comparta todas nuestras alegrías, hacer todo a la vista de El e ir cada día  apoyándose y mirándolo a Él” – J.C Ryle

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Autor
Néstor Roubilar Gómez

Pastor de La Iglesia Reformada de Maipú (Iglesia Presbiteriana en América, Chile), y Profesor de Teología Sistemática en la Academia Teológica Reformada. Esposo de Ruth Pérez, Padre de Agustín, Alize, Belén y Emilia. Amante de la Horticultura, La Pesca y el Buceo. en Santiago.