Emociones y FE

Por: Raúl Castillo

Parece que la idea de que la religión no es lugar para las emociones es la actitud que prevalece en nuestra cultura hoy. Se cree que, en relación con los asuntos de la fe, las emociones que no se mantienen bajo control conducen a excesos. Parte del razonamiento de esta forma de pensar es que una respuesta emocional saludable a la fe, una que sea cálida y afectuosa, casi ha dejado de existir y ha sido reemplazada por una que es predominantemente asunto de la cabeza y no del corazón.

Hombres y mujeres son seres emocionales. La emoción es una gran parte de quien somos. Entonces, ¿Cómo puede ser que las emociones no jueguen un rol de nuestra fe? Parecería que Dios nos hubiera creado con esta capacidad de manera que juegue cierto rol.

Qué hacer con nuestras emociones ha sido un tema de discusión de los filósofos a lo largo de los siglos. El pensamiento filosófico parece desembocar en dos teorías sobre qué hacer  con las emociones. Por un lado, existen aquellos sistemas de filosofía que intentan crear reglas para controlar las emociones de manera que no se salgan de control. Por el otro, hay sistemas que promueven el hacer morir totalmente las emociones, esto es, ¡exterminarlas! Esto sería equivalente a exterminar toda una raza que se ha conquistado y luego llamar “paz” a lo que se ha hecho.

Solo los que tienen tal fe [salvífica] entienden que parte de la belleza del cristianismo es que integra la dimensión de la verdadera humanidad con una subordinación y dependencia apropiadas, de manera que el hombre completo, en total uso de sus facultades, puede ser transformado por el poder de Dios en forma tal que todo lo que él es pueda ser usado para el servicio y la gloria de Dios.

La verdadera adoración se conecta con las emociones y las utiliza. Música, canto, adoración y regocijo: todos necesitan de la emoción para ser auténticos. Esto ciertamente les ocurrió a personas de la Biblia.  Eran cálidos, celosos y afectuosos. Cuando alaban, sus almas parecen encenderse con embeleso.

Cuando la emoción es una respuesta a la verdad o una comprensión clara de la naturaleza de Dios y de su bondad hacía nosotros, entonces la emoción es valiosa y apropiada

William Wilberforce. Cristianismo real.

 

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Autor
Raúl Castillo

Presbiteriano, casado con Andrea Mujica, Profesor de Educación Física de profesión,  miembro de la Iglesia Presbiteriana Cristo Rey (IPA-Chile), actualmente trabaja como aprendiz de pastor en su iglesia. Nacido en Chillán, VIII región, Chile.