Recuperando la palabra religión

Por: Raúl Castillo

Cuando hablamos de religión, nos pareciera que estuviéramos hablando de algo viejo o añejo. Una palabra que no tiene nada que ver con el Dios cristiano. Nos parece una palabra obsoleta y a la vez ofensiva con respecto a nuestro cristianismo. Hemos preferido optar por dichos románticos, que relevantes, cuando se habla de que “Dios no es religión sino relación”. Si fuéramos más certeros en el punto que queremos dejar en claro, el dicho mencionado es más una redundancia que una base sobre la cual desarrollar el fundamento cristiano evangélico y poner en un correcto paradigma al inconverso.

El Evangelicalismo fue el culpable de distorsionar el término, que para los cristianos del pasado lo identificaban como la verdadera relación con la Divinidad. Era el estandarte con el cual ellos se identificaban para contrarrestar con la secularidad de su época. Desde el siglo XIX esta palabra sufrió poco a poco su desvalorización. Esta desvaloración ocurrió por dejar la teología y embarcarse en un propósito sentimentalista que ha tenido sus efectos en el cristianismo, que es llamado el decisionismo, el cual resumía todo el cristianismo en una mera oración que se realizaba cuando los supuestos “pecadores penitentes” pasaban a efectuarla adelante en el “altar”. Este evangelicalismo trató de ser amigable con la cultura, pero en definitiva dejaron de lado la esencia misma del evangelio, la liturgia y la defensa de la fe. Abandonaron las banderas del cristianismo y tomaron las del secularismo y emocionalismo imperante. Por eso debemos romper con esta nueva forma de interpretar el cristianismo.

La palabra religión tiene dos ideas en su etimología. La primera es Re-ligare = volver a unir y la otra es Re-legere = volver a leer. Esto nos habla de un conocimiento, relación y/o revelación previa que se ha perdido y debemos volver a considerar. Presuponer que algo se ha perdido u olvidado.

La palabra religión tenía un sentido positivo para los antiguos cristianos y no tenemos por qué prescindir de ella, mejor nos sería volver a considerarla dentro de nuestro lenguaje, redimiendo la definición contemporánea con la cual se ha relacionado la religión con la hipocresía o el legalismo.

Juan Calvino define de la siguiente manera la religión: “ved, pues, lo que es la auténtica y verdadera religión, a saber: fe unida a un verdadero temor de Dios, de manera que el temor lleve consigo una voluntaria reverencia y un servicio tal cual le conviene, el mismo Dios la ha mandado en su ley”. Calvino une el significado de religión con una piedad verdadera para los creyentes.

Pero también Calvino usa el término semilla de religión (germen religioso) como “un sentimiento de Dios esculpido en el corazón de los hombres”. Esto es porque no ha habido hombre en la tierra que no tenga cierto sentido de la divinidad, cosa que haga a estos inexcusables de considerarse ignorantes delante la presencia de Dios en el juicio final (Rom. 1:21).

Con este enfoque debiese llevarnos a conocer en mayor profundidad a través de las Sagradas Escrituras la auto revelación de la Divinidad. Seamos consecuentes y sinceros, no podemos negar por la amplia revelación de Dios (revelación general y especial), no tenemos ninguna oportunidad de negar la conciencia como un instrumento que aguijonea nuestro ser a buscar un Salvador.

Considerando todo lo anterior que utilizar la palabra religión es una buena práctica, no cambiemos la terminología por niñerías o emocionalismos no sustentados en la revelación bíblica. La naturaleza de Dios ha permanecido por siempre, somos nosotros que hemos cambiado las cosas C.S. Lewis comenta lo siguiente: “como si la religión fuese algo que Dios ha inventado y no Su manifestación a nosotros de ciertos hechos inalterables acerca de Su propia naturaleza”.

La religión es aquella revelación o manifestación del propio carácter de Dios. Que no debemos olvidar y callar. Comienza con la ley escrita en nuestros corazones y sigue con una profunda devoción y reverencia delante de su presencia que nos deja descubiertos a sus ojos. La religión es parte de nuestra naturaleza también, puesto que todos poseemos este sentir de Dios. Solo podemos silenciar nuestra conciencia por un tiempo, pero no para siempre.

Quedémonos con las palabras de Thomas Kempis en su libro la imitación de Cristo: “La vida del buen religioso debe resplandecer en toda virtud, y que sea tal dentro cual parece de fuera. Y con razón debe ser mejor de dentro, porque nos mira nuestro Dios, a quien debemos suma reverencia, adonde quiera que estuviésemos”.

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Autor
Raúl Castillo

Presbiteriano, casado con Andrea Mujica, Profesor de Educación Física de profesión,  miembro de la Iglesia Presbiteriana Cristo Rey (IPA-Chile), actualmente trabaja como aprendiz de pastor en su iglesia. Nacido en Chillán, VIII región, Chile.