Entonces “¿Qué significa que Cristo haya “descendido a los infiernos?”

Por: Israel Guerrero

Todos los domingos, las Iglesias Cristianas y Reformadas confiesan de manera unánime el Credo de los Apóstoles, declarando de manera pública dos cosas principalmente: Las bases doctrinales esenciales del cristianismo y al mismo tiempo su unidad con lad6a8b4127a234c46563794e6bb16e093 Iglesia histórica. Cada una de las oraciones o Artículos que ahí se presentan contienen grandes verdades doctrinales: “Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la Tierra…Creo en Jesucristo, nuestro Señor…Creo en el Espíritu Santo…en la resurrección del cuerpo, etc”, pero qué pasa cuando llegamos a la parte “…padeció bajo Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos” ¿Qué significa exactamente la cláusula “descendió a los infiernos”? Debo ser sincero en esto punto, cuando llegué a mi iglesia (Presbiteriana) no tenía idea qué significaba realmente esta frase; No es menor que dentro de los círculos protestantes le den distintos significados y que algunos quieran cambiar la palabra “infierno” por “Hades” o simplemente omitir esa frase del Credo. Por lo tanto, en este pequeño escrito me gustaría exponer lo que Theodorus VanderGroe (1705 – 1784) –  uno de los últimos pastores holandeses de la Nadere Reformatie (movimiento que se dio en paralelo al puritanismo inglés y que como tal, buscaba no solo una reforma doctrinal sino una reforma del corazón y la sociedad, haciendo un fuerte énfasis en la santificación y piedad en los círculos reformados) expone en una serie de sermones. Creo que es importante considerar la explicación de VanderGroe en este tema porque presenta una sólida explicación desde una confesionalidad Reformada.

Siguiendo el Catecismo de Heidelberg (1563), VanderGroe explica de la siguiente manera el descenso a los infiernos de Cristo:
Pregunta 44: ¿Por qué se añade: descendió a los infiernos?

Respuesta: Para que en mis extremados dolores y grandísimas tentaciones me asegure y me sostenga con este consuelo, de que mi Señor Jesucristo, por medio de las inexplicables angustias, tormentos, espantos y turbaciones infernales de su alma, en los cuales fue sumido en toda su pasión, pero especialmente clavado en la cruz, me ha librado de las ansias y tormentos del infierno.
Citando Efesios 4:9 “…descendió a las partes más bajas de la tierra” y luego Hechos 2:31”…que su alma no fue dejada en el Hades”, el pastor holandés dice que “estas son expresiones que significan el entierro (o la sepultura) del Salvador. En el Credo de los Apóstoles, sin embargo, el descenso de Cristo a los infiernos está expresamente distinguido de Su entierro como algo completamente diferente y de una materia única”. Por lo tanto para VanderGroe no es lo mismo el ser sepultado que descender a los infiernos.

 

A continuación, expone los errores en la interpretación Católica Romana y en la Luterana: “El Catolicismo Romano interpreta el descenso del Salvador al infierno como que Cristo, después de Su muerte, descendió a las puertas del infierno, donde los creyentes del Antiguo Testamento estaban preservados y confinados, y que al hacerlo, Él los liberó de las puertas del infierno y los trajo al paraíso. Esta herejía impía es completamente refutada por el apóstol Pablo, enseñando claramente en Hebreos 2:10 que Dios,  ya antes de la muerte de Cristo, había traído “muchos hijos a la gloria”.
Por otro lado, “Los Luteranos lo entienden […] como que después de Su muerte, Cristo descendió al mismo infierno para manifestarse Él mismo a los demonios y a los condenados como el campeón triunfante y conquistador sobre todos sus enemigos. Este también es un argumento fútil e irracional”.

Luego el reconoce que “incluso entre nosotros hay diferencias de opiniones con respecto a esta doctrina”. Algunos dicen que el descenso de Cristo al infierno “no era nada más que Su última humillación, para lo cual Él, como la seguridad de los creyentes electos, estuvo sujeto durante el periodo de tres días en el cual Su cuerpo estuvo en el sepulcro. Durante este periodo, supuestamente Él estuvo sujeto a la esclavitud, y dolores de la muerte, y luego Él fue liberado y liberado de esto solamente en Su resurrección”.

El Catolicismo Romano interpreta el descenso del Salvador al infierno como que Cristo, después de Su muerte, descendió a las puertas del infierno, donde los creyentes del Antiguo Testamento estaban preservados y confinados, y que al hacerlo, Él los liberó de las puertas del infierno y los trajo al paraíso.

 

Finalmente, viene la interpretación que para VanderGroe es la que “se conforma al lenguaje de las Santas Escrituras”, esta sería la siguiente: “El descenso de Cristo simplemente significa que previo a Su muerte, y en nombre de Su pueblo creyente, el soportó internamente en Su alma y en Su cuerpo el castigo debido a sus pecados, consistiendo en las agonías y terrores infernales infligidos sobre el por la temible ira de Dios” (énfasis mío). Por lo tanto en este punto, la tradición Reformada distingue el Hades del Infierno, considerando el Hades como el entierro o la sepultura y el Infierno como la misma ira de Dios derramándose con toda su furia contra una persona, en este caso, sobre Cristo. Cristo es quien nos representa y desciende al infierno por nosotros para que nosotros seamos “completamente liberados de la muerte eterna, de la maldición del sepulcro, de los dolores de la muerte y de todos los terrores y agonías del infierno.”VanderGroe-Elshout-blog-Facebook

Es muy importante mencionar aquí que para Juan Calvino, el descenso a los infiernos es justamente eso, el haber padecido en su alma los horrores del juicio de Dios : Con estas palabras quiere decir que ha salido fiador y se hizo responsable, y que se sometió, como un delincuente, a sufrir todas las penas y castigos que los malhechores habían de padecer, para librarlos de ellas, exceptuando el que no pudo ser retenido por los dolores de la muerte (Hch. 2,24). Por tanto, no debemos maravillarnos de que se diga que Jesucristo descendió a los infiernos, puesto que padeció la muerte con la que Dios suele castigar a los perversos en su justa cólera.

Muy frívola y ridícula es la réplica de algunos, según los cuales de esta manera quedaría pervertido el orden, pues sería absurdo poner después de la sepultura lo que la precedió. En efecto, después de haber referido lo que Jesucristo padeció públicamente a la vista de todos los hombres, viene muy a propósito exponer aquel invisible e incomprensible juicio que sufrió en presencia de Dios, para que sepamos que no solamente el cuerpo de Jesucristo fue entregado como precio de nuestra redención, sino que se pagó además otro precio mucho mayor y más excelente, cual fue el padecer y sentir Cristo en su alma los horrendos tormentos que están reservados para los condenados y los réprobos.

El padecer de manera intensiva todo el infierno que vivirán de manera extensiva en el infierno aquellos que no pongan su confianza en Cristo y se arrepientan de sus pecados, es justamente lo que Cristo experimentó por amor a Su Iglesia, que son todos los pecadores escogidos desde antes de la fundación del mundo: “Ciertamente no se puede imaginar abismo más espantoso, ni que más miedo deba infundir al hombre, que sentirse dejado y desamparado de Dios, y que, cuando le invoca, no le oye; como si Dios mismo conspirara para destruir a tal hombre. Pues bien, vemos que Jesucristo se vio obligado, en fuerza de la angustia, a gritar diciendo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?.

 

 

Por lo tanto, al entender esta importante cláusula del Credo Apostólico, es nuestro deber confesarla cada domingo, sin cambiar esta frase ni mucho menos omitirla. Por otro lado, esta confesión debe ser apropiada con el corazón, porque de acuerdo a VanderGroe “Una mera reflexión intelectual y consideración sobre estas verdades podrían ser de muy poco beneficio para nuestras almas”. Por último, es importante mencionar que el descenso de Cristo al da a conocer un aspecto importante y esencial de la teología reformada y presbiteriana: la Teología del Pacto.
Cristo sufrió por nosotros las maldiciones del pacto; fue Cristo quién fue partido como el verdadero cordero y sufrió el infierno más terrible al ser abandonado por su Padre y al mismo tiempo recibir toda su ira y castigo por nosotros. Dios el Padre, al ver a su Hijo cargando el pecado de sus elegidos, le hace beber hasta la última gota de su Juicio (que de manera justa los nosotros merecemos). Aquel Dios tres veces Santo que odia el pecado con todo su ser, por nosotros hizo a Su amando Hijo, pecado.

¡Qué consuelo más grande nos da esta doctrina en medio de nuestros dolores más profundos y en nuestras mayores tentaciones!

Son los sufrimientos infernales que experimentó nuestro Señor los que traen sanidad y consuelo a nuestras vidas. Esta doctrina debería traer mayor gozo y deseos de vivir una vida en santidad al saber que cuanto hemos caído en tentación, y que merecemos justo Juicio de Dios, Cristo al descender a los infiernos, me ha librado de las ansias y tormentos del infierno.
Recibimos un enorme consuelo al saber que cuando enfrentemos la muerte, no estaremos para siempre en un sepulcro, sino que también resucitaremos con cuerpos glorificados y que cuando llegue el Día del Juicio y estemos mirando al Juez del universo, Él no nos arrojará al lago de fuego para sufrir la ira eterna de Dios por dos grandes motivos: el primero porque estaremos revestidos de la Justicia Perfecta de nuestro Juez y Abogado y segundo porque el Rey de reyes y Señor de señores  quién es al mismo tiempo mi Señor Jesucristo, por medio de las inexplicables angustias, tormentos, espantos y turbaciones infernales de su alma, en los cuales fue sumido en toda su pasión , pero especialmente clavado en la cruz, me ha librado de las ansias y tormentos del infierno. Porque Cristo verdaderamente descendió a los infiernos, verdaderamente nos ha librado del infierno.

En Cristo,
Israel.

PD: Para aquellos que quieran averiguar más, les invito a leer un artículo más extenso que escribí sobre este tema (Descendit at infernas en la Tradición Reformada: Un llamado a Confesar el descendió a los infiernos) donde hablo de la historia del Credo Apostólico y la Interpretación de la Confesión de Fe de Westminster y el Catecismo de Heidelberg.. Este se puede encontrar en: https://www.academia.edu/32107446/Descendit_ad_infernas_descendi%C3%B3_a_los_infiernos_en_la_Tradici%C3%B3n_Reformada

 

1.VanderGroe, T. The Christian´s only comfort in Life and Death. Grand Rapids, Michigan. Reformation heritage Books. 2016. Vol I, pág 332.
2.Idem.
3.Idem.
4.Idem, pág 333.
5.VanderGroe, T. The Christian´s only comfort in Life and Death. Grand Rapids, Michigan. Reformation heritage Books. 2016. Vol I, pág 334.
6.Calvino, Juan. Institución de la Religión Cristiana. CB Rijswik-Paises Bajos.2013. II.XVI.8-11.
7.Idem.
8.VanderGroe, T. The Christian´s only comfort in Life and Death. Grand Rapids, Michigan. Reformation heritage Books. 2016. Vol I, pág 334.

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Autor
Israel Guerrero

Cristiano reformado, esposo de Camila, Biólogo de profesión, graduado del Seminario Teológico Presbiteriano (IPCh), miembro de la Iglesia Presbiteriana Cristo Rey (IPA-Chile) y actualmente se prepara para continuar con el ministerio pastoral en su iglesia. Escribe en el blog Desde La Palabra. Nacido en Rancagua, Chile. Vive en Santiago.

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