La esperanza de nuestra fe

Por: Raul Castillo

Muchas cosas se han dicho con respecto a la vida y muerte de nuestro Señor, muchas de ellas son verdaderas y necesarias para la edificación de la iglesia. Pero cuando pensamos lo que hace Cristo en el cielo, a veces creemos que esta solamente esperando su silla el día y la hora de que todo el mal por fin se eliminado. Enfocamos nuestra atención en que se cumplan las ultimas cosas que debieran suceder para que luego escapemos prontamente nosotros del sufrimiento de vivir en este mundo hostil y Cristo por fin castigue a los perversos. Aunque esta visión no es errada del todo, si es reducida , considerando solo una parte de la función de Cristo desde hoy hasta el final de los tiempos.

Quisiera enfocarme brevemente en el libro en algunos versículos, que son una breve pincelada para en nuestro estudio privado agudizarnos para conocer más de Cristo y su labor sentado a la diestra del Padre.

¿Cuánto valoramos la resurrección de Cristo? ¿Cuánto meditamos en ella? ¿Cuánto entendemos de ella a la luz de la Escritura? Al parecer no lo suficiente, jamás he visto una película, animación o lo que sea para semana santa que tenga que ver con que es lo que realmente realiza Cristo hoy por nosotros en el cielo. Por eso a continuación tocare tres puntos.

Primer punto
En primer lugar, ya en los últimos días de Jesús él nos muestra que es indispensable que el muera y suba al Padre ¿Por qué? Esto lo explica en Juan 16 “
Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré”. Cristo está asegurando que no dejaría solo en ese momento a sus discípulos, ellos estaban angustiados por sus palabras y les explica que vendrían momentos difíciles después de su ida, pero que el Espíritu Santo estaría constantemente animándolos a continuar con la obra que se les había encomendado. Este daría testimonio de Cristo, glorificaría a Cristo, recogería todo el mensaje del Salvador que es beneficioso para nuestro bien y se lo haría comprender a los discípulos. La resurrección de Cristo y su ida al Padre beneficiaria a la evangelización, el Rey estaría en su santo trono, el Segundo Adán subiría al cielo sin olvidarse de la humanidad caída, sino que elevando la humanidad hasta el cielo en su resurrección. Por eso hoy Cristo está en el cielo con cuerpo humano glorificado, asegurándonos que nuestra fe no será en vano, con este hecho se volvió el Rey de la Iglesia y Rey de la creación, porque vino a cumplir lo que el primer Adán no había alcanzado, restaurando el cosmos y como garantía de esta verdad nos dejó su Santo Espíritu. Goodwin lo expresaría de la siguiente manera: “Todos nuestros sermones y vuestras oraciones son evidencias para vosotros de que el corazón de Cristo sigue siendo el mismo de entonces hacía los pecadores, porque el Espíritu que asiste a todas estas cosas viene en su nombre y en su lugar, y todo lo hace por mandato suyo”.

Segundo punto
En segundo lugar, lo que nos expresa hebreos 4 14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”. Esto nos manifiesta aún más el corazón de Cristo en el cielo, podríamos pensar de Él que vino a realizar lo que se le había encomendado acá en la tierra y luego olvidarse de nosotros por completo. Podríamos pensar que cuando estuvo con nosotros su corazón permaneció aquí amándonos, pero ahora que ha subido olvido todo eso para ocuparse en otras tareas.  El amor de Cristo por su iglesia jamás pasará, su corazón desde el cielo sigue latiendo con gran amor por los pecadores, se compadece como nos lo expresa hebreos. Se duele profundamente cuando alguien peca, asimismo sigue fiel a su función como abogado delante del Padre. Goodwin nos comenta lo siguiente de este hecho: “…el corazón de Jesucristo ahora que está en el cielo está tan amablemente inclinado hacia los pecadores como siempre lo estuvo en la tierra”. Cristo está orando constantemente e incesantemente por nosotros desde el cielo al lado del Padre, podemos confiar que ninguna oración no es escuchada para salvación y beneficio de su santo pueblo, Romanos 8:34. Él ha traspasado el verdadero velo, no el que separaba en esta tierra el lugar santo del lugar santísimo, sino aquel velo que estaba bloqueado para recibir algún bien de Dios.

Tercer punto
Y en tercer lugar, Hebreos 7 “22 Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto. 23 Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; 24 mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; 25 por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”. Asombroso, cuando me di cuenta que lo que expresa este pasaje, no podía dejar de sentirme maravillado por lo que mi Salvador hizo y sigue haciendo por mí, lo veo tan comprometido con mi vida que en este instante deberíamos tomarnos el tiempo de orar y agradecer por sus oraciones que evidentemente son mucho más eficaces que las nuestras. Fijémonos en la parte que dice “viviendo para siempre para interceder por nosotros”, si existiera la remota posibilidad de que Cristo dejará de existir o que abandonará su labor de sacerdote por un momento estaríamos verdaderamente en problemas. Pero como su sacerdocio es para siempre, tenemos la garantía de este mejor pacto en Cristo Jesús, podemos confiar en este Adán verdadero que, verdaderamente cuido y cuidará de su esposa, la iglesia. Que ora lo suficiente por nosotros porque está completamente interesado en nuestra santificación y glorificación. Las oraciones de Cristo son un bálsamo especial que diariamente esta sobre los escogidos, son oraciones verdaderamente importantes, no hay trivialidad, no hay egoísmo, no hay envidia en la boca de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Conclusión
Podemos en este pequeño escrito darnos cuentas de tres elementos importantes de porque Cristo tenía que resucitar y subir al cielo.

  1. Para enviarnos el Espíritu Santo.
  2. Un sacerdote que nos ama y que desde el cielo se compadece de nuestros pecados.
  3. Un sacerdote que ora constantemente por nosotros.

Al concluir con este escrito deberíamos estar de acuerdo con Pablo como base de nuestra fe: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe”. 1 corintios 15:14. Estaríamos de acuerdo con en lo siguiente de Stephen Charnock “algo en Cristo más excelente y atractivo que el oficio de un Salvador; la grandeza de su persona es más excelente que la salvación procurada por su muerte.

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Autor
Raul Castillo

Presbiteriano, casado con Andrea Mujica, Profesor de Educación Física de profesión,  miembro de la Iglesia Presbiteriana Cristo Rey (IPA-Chile),  Nacido en Chillán, VIII región, Chile.

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